Con la llegada de septiembre y octubre vuelve también la rutina: madrugones, trayectos al trabajo o a clase, y la eterna pregunta de qué mochila usar para que aguante el día entero sin quejarse. Elegir bien ahora te ahorra más de un dolor de espalda en los próximos meses, cuando la rutina esté ya asentada del todo.
Define para qué la vas a usar cada día
No es lo mismo una mochila para llevar el portátil y unos apuntes que una pensada para libros, carpetas y una muda de recambio. Antes de elegir, piensa en tu rutina real: qué llevas, cuánto pesa y cuántas horas la llevas puesta. Escribir la lista de lo que metes cada día suele aclarar mucho más de lo que parece, y evita que acabes comprando una mochila que luego se queda pequeña a la primera semana.
Los compartimentos marcan la diferencia
Un bolsillo acolchado para el portátil, otro para el cargador y uno exterior para lo que necesitas a mano, como las llaves o el móvil, te ahorran tiempo cada mañana. Cuanto más ordenada esté la mochila por dentro, menos vueltas le darás por fuera, y menos probabilidades hay de que algo se quede olvidado en el fondo cuando llevas prisa por salir de casa.
La comodidad se nota a partir de la segunda hora
Las tiras acolchadas y un buen respaldo transpirable son los primeros en notarse cuando la jornada se alarga. Si además puedes ajustar la altura de las tiras, la mochila reparte mejor el peso y evita que cargues toda la tensión en los hombros, algo que se agradece especialmente en los trayectos más largos o cuando toca ir de pie en el transporte público.
Piensa también en el mal tiempo
El otoño trae lluvia y viento de forma bastante repentina. Un material resistente al agua o unas cremalleras bien selladas evitan que el portátil o los apuntes se lleven un buen susto en cuanto empieza a llover. Una funda impermeable de repuesto tampoco está de más si sueles caminar largos trayectos o cambiar de medio de transporte varias veces al día.
Un diseño que combine con todo
Si la mochila te acompaña todos los días, merece la pena elegir un diseño sobrio que combine tanto con ropa de trabajo como con un look más informal el fin de semana. Así rentabilizas la compra durante toda la temporada, sin necesidad de tener una mochila distinta para cada ocasión ni cambiarla en cuanto llegue el buen tiempo. Con la rutina instalada, es fácil además que la mochila acabe cargando cosas que ya no necesitas: dedicar un momento a la semana para vaciarla y quedarte solo con lo esencial ayuda a que pese menos y a que encuentres todo con más facilidad cada mañana.
En LOOFTYS creemos que la rutina es mucho más llevadera cuando el equipaje que te acompaña cada día está a la altura. Una buena mochila no se ve, pero se siente en cada trayecto.